Chamizo en la Fnac.

18 de febrero, 2005. FNAC. Barcelona.
Quizás el concierto en el que mejor hemos sonado (según los chami-fans presentes). Con un público sentado bien cerquita, sacamos el concierto más íntimo y cálido para deleite de las almas más reposadas. Un saludo a Christian y sus Electric Barbarella!
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Lo que Lara cree que ocurrió en realidad (fnac)

Chamiunplugged

Sor Citroën llegaba a las puertas de la ciudad condal sorteando a los locos conductores que, con su frenético manejo, amenazaban con echarla a la cuneta de las congestionadas vías periféricas de la pomposa urbe. Pero su tenacidad y su hábil conducción no la dejaban desviarse ni un ápice de su objetivo. Esa misma tarde tenía una importante misión en un establecimiento benéfico a favor de los músicos amateurs que viven al margen de las discográficas.
Aparcó su añejo vehículo prestamente en el reducido espacio que permitían los voluminosos aparatos de la gente normal y corrió hacia las luces de neón que indicaban el lugar de su urgente cita, no quería llegar tarde. De todos era conocida su enfermiza obsesión por la puntualidad que llevaba a extremos inauditos.
Corrió por los pasillos siguiendo las indicaciones de los carteles que pendían por doquier como puestos por una mano superior que le indicaba el camino, pero una fuerza superior la hizo detenerse justo antes de llegar a su destino. Su vejiga le agradeció lo indecible el hecho de que se acordara un poco de ella. Mientras se subía las bragas madreras llegó ante la sede del FNAC. Entró y, desacostumbrada como estaba a las modernidades de la vida pues vivía recluida en un convento, se apelotonó un poco y se dirigió a un amable hermano de seguridad que humildemente le indicó que las señas que solicitaba se las podían facilitar en información. Ante sus ojos se extendía una fila de feligreses que parecía, por sus caras de paz y equilibrio, que fueran a pedir la comunión. Ni corta ni perezosa se dejó guiar por su instinto de palomo y se introdujo entre el tumulto de libros, cedeses y demás plurales que allí se vendían. Este le condujo ante un fiel de la empresa que tampoco sabía muy bien como responder a sus peticiones de religiosa misionera. De pronto una luz blanca descendió desde lo alto hasta posarse en la alfombra un pelín roñosa, quedando Sor Citroën iluminada por el haz que irradiaba la potente bombilla halógena. La siguió descendiendo unas pronunciadas escaleras hasta, como no, el bar. Allí se encontró, no podía ser de otra manera, con los músicos que más tarde ofrecerían su repertorio de canciones místicas tomando de la sangre de Cristo para templar los ánimos. Se alegraron de verla y uno a uno recibieron su bendición a través de sus glorificadas manos y sus sabios consejos.
A la derecha quedaba el púlpito.
Puntualmente comenzó el coro a ocupar su lugar. Así monaguillo Guille se sentó en el ampli de su bajo. Su pierna quedó hermosamente doblada sobre un apoyapiés especial para bajistas y su cara de póquer hizo gala a su fama de criatura seria y angelical. Monaguillo Peonza preparaba su guitarra y cotejaba sus escasas pedaleras de colores varios, pues para el evento había tenido que decidir entre cuál traía y cuál dejaba en casa (vamos como hacerle decidir a un padre entre sus hijos. Ahora, yo creo que se las trajo todas) Monaguillo Francis, haciendo un mano a mano con McGiver , demostrando que de un clip él puede hacer un sonido como el de la Orquesta Sinfónica de Viena, pero con cencerro añadido (para darle un rollo más bucólico al estilo locus amoenus) Y finalmente, monaguillo Santi que se colocó frente a su órgano de tubos cilíndricos tubulares que resonaban como esponjosas caléndulas e impregnaban la sala de cánticos píos de dibujos dorados que hipnotizaban y traían hacia él a todos los espontáneos que hasta allí se acercaban.
Era tal la empatía que allí se produjo que hasta unos jóvenes seguidores de la religión evangelista confundieron aquellas sagradas notas con los cantos de su congregación. Se acercaron con palabras de alabanza y fueron acogidos como hermanos con miradas cariñosas y paternales y se convirtieron al chamicatolirockismo.
Los músicos fueron desdoblando ante el agradecido público un registro de voces y melodías que los hacía entrar en un trance de éxtasis que les hacía sonreír al encontrar el sosiego dentro de sus almas. Total, que quien más y quien menos se meó en la silla de gusto.
Sor Citroën se sentó entre el público junto a Sor Fiat que fue víctima de una posesión del espíritu de Leonardo da Vinci y, en un arrebato contemplativo, abandonó su asiento y pintó varios frescos de temática mariana.

by Lara Calduch

En Sidecar junto a Carlitos

20 de enero, 2005. Sidecar. Barcelona.

Segundo concierto que compartíamos junto a Carlitos’ Way (en Cabaret fue la primera), esta vez «teloneando» nosotros. Nos alegramos de compartir escenario con bandas que nos gustan y esperamos seguir haciendo nuevos amigos.

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Lo que Lara cree que ocurrió en realidad (Sidecar II)

Super disco fashion!

Ya lo decía antiguamente nuestro entrañable Casimiro y más hacia los días que corren los Lunis, hay una hora para irse a la cama. Y esto es como el tabaco, más allá de lo que advierten las autoridades sanitarias, perjudica seriamente la salud. Entonces cuando te pasas del tiempo es como si te hubieses tomado alguna sustancia psicotrópica. Lo primero que te pasa es que principias a sentirte un poco raro, después empiezas a ver cosas variopintas y por último no sabes exactamente dónde acaba la realidad y dónde empieza la ficción; lo mismo que le aconteció a Dumbo cuando se quedó beodo perdido y acabó en lo alto de un árbol sin saber ni cómo.
Así que teniendo en cuenta que aquel día me pasó de largo la hora Luni y que esta sala tiene un no sé qué que nos afecta a todos en nuestro conjunto total como seres humanos, empecé a notarme algo rara tal y como puse los pies en la recepción del Mouline Rouge. Nada más entrar te esperaba lo más parecido a Cruela von Vil que quería las pieles del aproximadamente centenar de dalmatillos que nos acercamos a la taquilla. Hubimos quienes pasamos por debajo de su sobaquillo con un número propio del mismo Houdini y los que cayeron bajo el contundente peso de su talonario y les quitó la piel y todo lo que llevaban encima. De esta manera, más o menos cicatrizados, bajamos los enormes escalones de la serpenteante escalera, abrimos la puertecilla (que por cierto no estaba pensada para personas de cadera ancha, mis llagas pélvicas dan fe de ello) y seguimos al conejito blanco que corría delante nuestro enseñándonos el reloj con mirada airada pues llegábamos tarde a la actuación de la noche. Allí, en medio de una gran pista de circo, los actores iban realizando su número. Unos en silencio, otros con voz de tenor y los más numerosos con voz de soprano. Esto te obligaba a estar muy atento pues habían muchos números que ya habían empezado, algunos otros se entrelazaban con los ya empezados y con los nuevos que entraban en pista y también habían números compartidos entre actores y entre grupo de actores. Las diferentes performances que se desarrollaban ante nuestros ojos versaban sobre los temas más variopintos: la solidaridad, la tolerancia y la interculturalidad, el naufragio de las personas, el amor, la alegría, el triunfo y el fracaso, la pérdida… Y todo ello escenificado a través de las diferentes tipologías teatrales como la farsa, el realismo, la ficción y la comedia. También se había puesto especial esmero en el atrezzo que ayudaba a entender la razón de las obras. Así tenían importancia los colores llamativos, las roturas, las rayas, las medias, los lunares y los remiendos que portaban los intérpretes en sus vestimentas. Al igual que los complementos como anillos, diademas, pendientes, pulseras, bolsos, mochilas y zapatos y finalmente el maquillaje. Mimos de caras blancas, ojos rasgados de negro acompañando a rostros de payaso que destacaban por su colorida paleta, cuerpos dorados y plateados inmóviles y así toda una serie de suplementos que daban más credibilidad a sus actuaciones.
Los espectadores no dábamos a basto para retener en nuestras despiertas pupilas tanto concepto, así que de tanto en tanto íbamos a descansar un rato a la zona de los sofás rojos y beber un poco de néctar de cebada con lúpulo y néctar de malta carbonatado para los paladares más exquisitos. Y así, entre sorbo y sorbo de bebida de los dioses, intercambiábamos opiniones sobre las diferentes representaciones que veíamos y en cierta manera nos ayudábamos a filtrar los conceptos que realmente eran importantes y no volver a casa sobresaturados de información.
Finalmente los encargados y cuidadores retiraron de la pista a los leones rosas que caminaban sobre pelotas de goma, las jirafas con lentejuelas que eran montadas por los domadores dando vueltas a la pista, los elefantes de cinco patas que traspasaban círculos de fuego, los camellos enanos de tres jorobas que mojaban al público con sus trompas, el mono vestido de frac que hacía pompas de jabón y cómo no a la giganta tetuda que se apunta a todo sin hacer nada en particular. Una vez todo estuvo limpio, y como no podía ser de otra manera en el Mouline Rouge, los músicos hicieron su aparición en medio de la descomunal pista central. Las notas salían a borbotones de los instrumentos como inmensos globos negros con los que los concurrentes jugaban a pasarlos de un lado a otro mientras el hombre orquesta acompañaba el repertorio haciendo sonar sus platillos e intentaba mantener torpemente el equilibrio por la cancha debido a las cuerdas que se había atado a sus tobillos y que martilleaban el bombo al ritmo de su patoso paso.
Y como el elefantito del cuento también aparecí en lo alto de un árbol y descubrí que yo también podía volar.

by Lara Calduch

Cabaret!

18 de noviembre, 2004. Cabaret. Barcelona.
Es necesario saber, si tienes pensado hacerte músico de pubs, que los instrumentos a veces adquieren vida propia y los cables que transfieren cada emoción en realidad son serpientes entrelazándose que finalmente te enredan y acabas liado como un atún del montón.

Lo que Lara cree que ocurrió en realidad.. (Parece ser que nuestra reportera más dicharachera sufrió el ataque por sorpresa de unos desaprensivos que, hartos de ser protagonistas de sus crónicas, la ataron y amordazaron en el almacén del corte inglés de diagonal, pudiendo así asistir al concierto plácidamente)
cabaretPeonza

Crítica de «No más cínicos» (Las nuevas) en Nadadora

«Chamizo es un proyecto singular. No es fácil explicar con palabras a cómo suenan las cuatro canciones de su maqueta ‘no más cínicos’ (es más fácil decir que desde su web puedes conseguirlas para que tú mismo te hagas una idea). Y recurro a sus propias palabras y veo que en la carta que Santi nos hacía llegar junto con la maqueta nos habla de Golpes Bajos (no sé, quizás, en clave más rockera), Tom Waits, Ben Folds Five (¿de verdad?), y a mí sigue sin quedarme claro.
Escucho ‘Alivio’, la primera canción y me acuerdo de 091 o Los ronaldos actualizados al 2004. Viene después Congelados, con esos teclados cobrando protagonismo y me descuadro. Llego a ‘Blues de los nombres’, la más oscura, la ,más slow, la más post-loquésea y tengo que volverla a poner. E ‘inspiración/conspiración’ con un estribillo pegadizo a corto plazo cierra una maqueta muy interesante.
No, no sé exactamente que son Chamizo excepto una banda a seguirle la pista.»

by Nadadora

Café-Teatro Llantiol

18 de octubre, 2004. Teatro Llantiol. Barcelona.

En el café-teatro más importante de la Riereta, como decía Eugenio, hicimos uno de nuestros mejores conciertos, o quizás, tuvimos uno de los mejores públicos. O seguramente sea que el sitio era lo suficientemente cálido y bonito para darse todo ello a la vez. Nos encantaría volver a tocar allí, pero a ver si el señor Llantiol se enrolla un poquito más, que ni una cerveza suelta el tío. Somos músicos-héroes, por supuesto, pero también tenemos sed.

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by EL LANCE

Lo que Lara cree que ocurrió en realidad (Llantiol)

THE LLANTIOL’S CONCERT

Que me digan a mí que Chamizo no lleva un séquito de personajes fantásticos… Y para muestra otro concierto más, otro bolo donde hechos llámenseles estrambóticos, rocambolescos o como el espectador quiera denominarlos se sucedieron para la atónita mirada de músicos y demás gente variopinta que nos acercamos a tan concurrido concierto.
Llegaron, altruistamente, desde los cinco puntos cardinales de la provincia de Barcelona: técnicos de sonido, de luz, de fotografía, de cobradores del frac, del merchandaisin ése y de apoyo logístico vario. Cada uno corriendo de un lado a otro tocando cables, botones, mandos a distancia y negociando el dónde, cómo y cuándo me pongo para tenerlo todo a punto para el exigente público que se agolpaba en la puerta con las costillas dislocadas. Todo un frenesí de corridas que llevaron, uno tras otro, a los sedientos colaboradores a la barra del bar donde una simpática camarera servía bebidas a “mitad de precio” (hay que joderse las libres interpretaciones que permite nuestra basta y querida lengua) y copas de frutos secos y saladitos de gratis, así que más de uno mató su sed entre cacahuetes, garbancitos, quicos y habitas riquísimas. Mujer de buenas palabras que supo lidiar sabiamente con los músicos y evitar que estos cayeran en el viejo juego de bar del “duro” racionándoles expertamente los vasos y el vinillo tempranillo del tipo peleón.
Que por cierto era una señora un tanto resentida con el dueño del bar. Porque se dice que se aprovecha de su buen corazón y su facilidad para contactar con la gente para hacerla trabajar fuera de su horario cada vez que al hombre le da por montar un espectáculo en su bar. Además tiene la santa valentía de pagárselo como horas extras… Qué crimen! La pobre iba tan atabalada con tanta gente y las copas que aprovechaba un respiro para ir al baño y pedir, desinteresadamente, a la taquillera si le podía hacer una ronda y mirarle si todo el mundo estaba bien atendido y bebido.
Volviendo al tema. Por fin todo estuvo preparado y se abrieron las puertas. Una tras otra las chamifans y los chamiadictos fueron depositando su contribución a tan noble causa a cambio de un chamiCD (no para todos, pues la novicia taquillera se olvidó de los treinta primeros, bastante tenía con dar el cambio bien y aclararse con las listas de invitados. Vamos que había quien estaba apuntado en una lista que no se logró encontrar, la de Guille. Gracias a todos por encontraros) Fueron pasando uno a uno a la sala y el desfile fue de lo más singular: desde quien se emperró en pagar la entrada sin favoritismos hasta el que se pensaba que Chamizo toca siempre de gratis y le dolió pagar los dineros de la entrada y se llevó el CD porque sí (será coleccionista?); la mamá que vino a ver a tocar a su hijo (hijo que no la había incluido en la lista); personajes famosos que se acercaron a curiosear acompañados de gente normal para pasar desapercibidos y otros no tan famosos que corroboran que los años no pasan en balde para nadie; quien inteligentemente pagaba las entradas pensando en cobrárselo en bebida o quien un poco más y deja su DNI para asegurar que entraba, pero que pensaba volver a pagar lo que dejó a deber porque no llevaba más nada; el simpático que intentó ligar con la recaptadora con agradables halagos y la señorita que hizo acopio de toda su memoria para hacer un repaso a todo ser conocido relacionado con el cantante para asegurar que la conocía y que seguro que si la veía sabría quién era. Y como no, en todo gran evento, la gente se acicaló con sus mejores galas y se pudieron ver modelos tipo Vitorio y Luchino, Ágata Ruíz de la Prada y Pertegaz.
Memorable momento en que hubo quien se pensó que había conseguido hacer oro de papel y creyó (durante mucho rato) que le sobraba más dinero del que tenía en un principio. Menos mal que la contadora veterana del reino la libró de hacer una terrible imprudencia…
La gente iba llegando y Chamizo empezó su concierto. Poco a poco, entre bromas, se consiguió que aquellos tantos incondicionales se fueran metiendo dentro de cada una de las canciones y disfrutaran de la complicidad que se creó entre el grupo y los asistentes mientras, entre bastidores, una sombra disfrutaba como una enana cantando las canciones a pleno pulmón amortiguada por el ruido de la sala.

by Lara Calduch

llantiolmoney