Lo que Lara cree que ocurrió en realidad (Llantiol)

THE LLANTIOL’S CONCERT

Que me digan a mí que Chamizo no lleva un séquito de personajes fantásticos… Y para muestra otro concierto más, otro bolo donde hechos llámenseles estrambóticos, rocambolescos o como el espectador quiera denominarlos se sucedieron para la atónita mirada de músicos y demás gente variopinta que nos acercamos a tan concurrido concierto.
Llegaron, altruistamente, desde los cinco puntos cardinales de la provincia de Barcelona: técnicos de sonido, de luz, de fotografía, de cobradores del frac, del merchandaisin ése y de apoyo logístico vario. Cada uno corriendo de un lado a otro tocando cables, botones, mandos a distancia y negociando el dónde, cómo y cuándo me pongo para tenerlo todo a punto para el exigente público que se agolpaba en la puerta con las costillas dislocadas. Todo un frenesí de corridas que llevaron, uno tras otro, a los sedientos colaboradores a la barra del bar donde una simpática camarera servía bebidas a “mitad de precio” (hay que joderse las libres interpretaciones que permite nuestra basta y querida lengua) y copas de frutos secos y saladitos de gratis, así que más de uno mató su sed entre cacahuetes, garbancitos, quicos y habitas riquísimas. Mujer de buenas palabras que supo lidiar sabiamente con los músicos y evitar que estos cayeran en el viejo juego de bar del “duro” racionándoles expertamente los vasos y el vinillo tempranillo del tipo peleón.
Que por cierto era una señora un tanto resentida con el dueño del bar. Porque se dice que se aprovecha de su buen corazón y su facilidad para contactar con la gente para hacerla trabajar fuera de su horario cada vez que al hombre le da por montar un espectáculo en su bar. Además tiene la santa valentía de pagárselo como horas extras… Qué crimen! La pobre iba tan atabalada con tanta gente y las copas que aprovechaba un respiro para ir al baño y pedir, desinteresadamente, a la taquillera si le podía hacer una ronda y mirarle si todo el mundo estaba bien atendido y bebido.
Volviendo al tema. Por fin todo estuvo preparado y se abrieron las puertas. Una tras otra las chamifans y los chamiadictos fueron depositando su contribución a tan noble causa a cambio de un chamiCD (no para todos, pues la novicia taquillera se olvidó de los treinta primeros, bastante tenía con dar el cambio bien y aclararse con las listas de invitados. Vamos que había quien estaba apuntado en una lista que no se logró encontrar, la de Guille. Gracias a todos por encontraros) Fueron pasando uno a uno a la sala y el desfile fue de lo más singular: desde quien se emperró en pagar la entrada sin favoritismos hasta el que se pensaba que Chamizo toca siempre de gratis y le dolió pagar los dineros de la entrada y se llevó el CD porque sí (será coleccionista?); la mamá que vino a ver a tocar a su hijo (hijo que no la había incluido en la lista); personajes famosos que se acercaron a curiosear acompañados de gente normal para pasar desapercibidos y otros no tan famosos que corroboran que los años no pasan en balde para nadie; quien inteligentemente pagaba las entradas pensando en cobrárselo en bebida o quien un poco más y deja su DNI para asegurar que entraba, pero que pensaba volver a pagar lo que dejó a deber porque no llevaba más nada; el simpático que intentó ligar con la recaptadora con agradables halagos y la señorita que hizo acopio de toda su memoria para hacer un repaso a todo ser conocido relacionado con el cantante para asegurar que la conocía y que seguro que si la veía sabría quién era. Y como no, en todo gran evento, la gente se acicaló con sus mejores galas y se pudieron ver modelos tipo Vitorio y Luchino, Ágata Ruíz de la Prada y Pertegaz.
Memorable momento en que hubo quien se pensó que había conseguido hacer oro de papel y creyó (durante mucho rato) que le sobraba más dinero del que tenía en un principio. Menos mal que la contadora veterana del reino la libró de hacer una terrible imprudencia…
La gente iba llegando y Chamizo empezó su concierto. Poco a poco, entre bromas, se consiguió que aquellos tantos incondicionales se fueran metiendo dentro de cada una de las canciones y disfrutaran de la complicidad que se creó entre el grupo y los asistentes mientras, entre bastidores, una sombra disfrutaba como una enana cantando las canciones a pleno pulmón amortiguada por el ruido de la sala.

by Lara Calduch

llantiolmoney

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