Biografía

No podía ser de otra manera. El cambio de siglo estaba al caer y desde una habitación con vistas a un sol que no acababa de ponerse nunca, Santiago Chamizo desarrollaba la fórmula de lo que sería el brebaje destinado a ocupar un sitio en el mueble bar del mismísimo Boris Vian. El resultado: Chamizo. El sabor: Rock Propio. Una velada en la que tienen turno ilustres como Tom Waits, Charly García, Golpes Bajos, Ben Folds Five o la Velvet Underground.

Sólido carácter cinematográfico para una música que rueda con el combustible de un teclado capaz de iluminar las grandes avenidas y caminar por los descampados más desalmados. En efecto, el teclado es en Chamizo el soporte esencial sobre el que se erigen melodías que pueden presumir de tener una bien cicatrizada personalidad. Canciones que se mueven con soltura en lo apacible del pop y en lo encarnizado del rock. Una música que atrapa y seduce sin remedio. Se diría que Santiago Chamizo no escribe sobre una partitura, sino sobre una telaraña.

En su peculiar cirugía del rock también la palabra toma la palabra. Letras en castellano con un pálpito exclusivo, con la resuelta maniobra de mirarse hacia dentro y anudar textos exquisitos en el relente de la música. La atmósfera de Chamizo deviene apasionada y vibrante, casi rondando en lo visionario.

Ya desde 1991 Santiago Chamizo viene nutriendo con su teclado a diversas bandas de Barcelona como Alicia Golpea o Las Sombras, pero fue en el verano de 1995 cuando sube a lomos de una de las bandas más inquietantes de la época: La Vaca Multicolor. Allí coincide con músicos como Jesús Senra, hoy en Sidonie y Héctor Xiqués, hoy en No Neo. Fueron tres años fértiles con más de sesenta canciones grabadas y múltiples periplos por los escenarios.

No es hasta 1998 cuando encontramos El circo se va, la primera maqueta de Chamizo, envuelto en un tiempo algo oscuro que se va despejando en su siguiente trabajo de 1999, están en la Machina. Pero fue en 2001, después de haber actuado en las exposiciones del pintor Daniel Sáez, que Santiago Chamizo entiende que precisa de un grupo, de una artillería que corone sus composiciones. Así pues, se pone manos a la obra mientras graba su tercer título, No más cínicos. Desde entonces han pasado varios músicos por Chamizo hasta que hoy se ha hilvanado una banda compacta en la que voz, teclado, batería, bajo y guitarra invitan a un viaje virtuoso de temperamento y talento que desemboca en uno de los descubrimientos más asombrosos de Barcelona.

Escrito por Jordi Cabo

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