
Lo que peor se nos da a los músicos suelen ser los silencios: Queremos tocar todo el tiempo. A veces no es una cuestión de querer sino de temer: ¡Si dejo de tocar, la canción desaparecerá! Pero no hay que despreciar la fuerza de la costumbre, ya que seguramente es la verdadera campeona.
Por eso la mayoría de bandas necesitan esa figura siempre tan polémica del productor, que como un maligno árbitro de fútbol pondrá ley y orden (injustamente, por supuesto) a ese caos engendrado en el local de ensayo.
Lo malo ocurre cuando el productor en cuestión es todavía más propenso que tú a llenar y llenar. Entonces ya la hemos cagao.
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Acerca de Chami
Sólido carácter cinematográfico para una música que rueda con el combustible de un teclado capaz de iluminar las grandes avenidas y caminar por los descampados más desalmados. En efecto, el teclado es en Chamizo el soporte esencial sobre el que se erigen melodías que pueden presumir de tener una bien cicatrizada personalidad. Canciones que se mueven con soltura en lo apacible del pop y en lo encarnizado del rock. Una música que atrapa y seduce sin remedio. Se diría que Santiago Chamizo no escribe sobre una partitura, sino sobre una telaraña.
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2009,
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